Además de representar una  prueba para el organismo, la diarrea puede ocasionar deshidratación, sobre todo en los niños y en los ancianos, y en algunos casos puede influir en la calidad de vida de las personas, tanto en las formas ocasionales como en las recurrentes.

Las formas más comunes son las ocasionales, que en el niño suelen durar hasta 5-7 días y tienen un origen predominantemente vírico. Cuando en cambio la diarrea persiste y se vuelve recurrente, normalmente es el resultado de una alteración o de una enfermedad intestinal, como el síndrome del intestino irritable (IBS), la diarrea funcional, las enfermedades inflamatorias intestinales, etc.

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